Cuando se habla de construir una casa, casi todos piensan primero en los muros y en los acabados. Pero hay una decisión que se toma en el proyecto, que casi nadie ve una vez terminada la obra y que influye en el costo, en el tiempo de construcción, en el calor que entra a la casa y en lo que podrás hacer con ella dentro de diez años: el tipo de losa.
En Colima y en buena parte de México se usan sobre todo tres sistemas: la losa maciza de concreto armado, la losa aligerada (reticular o con casetón) y la losa de vigueta y bovedilla. Ninguno es “el mejor” en todos los casos: la elección depende del tamaño de los claros, de las cargas, del presupuesto, de los tiempos y de si piensas crecer hacia arriba. Aquí te explicamos cómo funciona cada uno, en qué destaca y qué conviene preguntar antes de decidir.
Qué hace una losa (y por qué no da igual cuál elijas)
La losa es el elemento horizontal que forma el techo o el entrepiso. Recibe su propio peso, el de los acabados, el de las personas y muebles, el de tinacos o equipos en la azotea, y lo transmite a las vigas, a los muros de carga o a las columnas. En una zona sísmica como la nuestra, además, la losa trabaja como un diafragma: une a los muros y columnas de un mismo nivel para que se muevan juntos durante un sismo.
Por eso el peso importa en dos sentidos. Una losa más pesada exige muros, trabes y cimentación capaces de cargarla, y además aumenta las fuerzas que genera un sismo, que son proporcionales a la masa del edificio. Una losa más ligera reduce esas cargas, pero tiene que diseñarse con el mismo cuidado para que no se deforme ni se agriete.
Losa maciza: la de toda la vida
Es una placa continua de concreto con una o dos parrillas de varilla, colada en sitio sobre una cimbra de madera o metálica que cubre toda la superficie. Es el sistema más conocido en vivienda.
Sus ventajas: es muy versátil, se adapta a plantas irregulares, a volados y a perforaciones para instalaciones, y funciona bien en tableros apoyados en sus cuatro lados. Su desventaja principal es el peso y el consumo de materiales: todo el espesor es concreto, y a medida que el claro crece, el peralte (el espesor) también tiene que crecer. Además requiere cimbra completa y apuntalamiento hasta que el concreto alcanza su resistencia, lo que alarga los tiempos.
El espesor no es una cuestión de costumbre. Las Normas Técnicas Complementarias de concreto del Distrito Federal en su versión 2004, que analiza un estudio publicado por el IMCYC, fijan, para controlar las deformaciones de losas apoyadas en su perímetro, un peralte efectivo mínimo igual al perímetro del tablero entre 250 con concreto clase 1, o entre 170 con concreto clase 2, y piden aumentar el perímetro cuando hay bordes discontinuos. Con números sencillos: un tablero de 4 por 5 metros tiene 18 metros de perímetro; con concreto clase 1 y todos sus bordes continuos, eso da un peralte efectivo mínimo de unos 7 centímetros, al que hay que sumar el recubrimiento del acero. Con bordes discontinuos o con concreto clase 2, la cifra sube varios centímetros. Esto es sólo una regla de revisión: el espesor definitivo lo establece el cálculo estructural.
Ese mismo estudio, hecho en viviendas de la zona central del Estado de México, encontró fallas de servicio en las losas macizas (grietas, flechas y corrosión del acero) en hasta 68 % de los casos de construcción formal y hasta 96 % en autoconstrucción. La causa no fue el sistema en sí, sino peraltes reducidos para ahorrar, concreto mal especificado, falta de curado y recubrimientos insuficientes.
Losa aligerada o reticular: menos peso para claros más grandes
Una losa aligerada sustituye el concreto que no trabaja por huecos o por un material de relleno ligero. La forma más común es la losa reticular o encasetonada: se colocan casetones (moldes de plástico recuperables o bloques de poliestireno) sobre la cimbra, y el concreto forma una retícula de nervaduras en dos direcciones, unidas por una capa de compresión arriba.
Su gran ventaja es que logra peraltes mayores (más rigidez) sin el peso de una losa maciza del mismo espesor. Por eso se usa cuando hay claros amplios, por ejemplo en locales comerciales, consultorios, estacionamientos o en casas con espacios abiertos sin muros intermedios, y cuando se busca apoyar la losa directamente sobre columnas. A cambio, necesita cimbra completa, un armado más laborioso en las nervaduras y un buen control en el colado para que el concreto llene bien entre los casetones.
Cuando el casetón es de poliestireno y queda perdido dentro de la losa, aporta además algo de aislamiento térmico, algo que en el calor de Colima se agradece en la azotea.
Vigueta y bovedilla: rapidez y poca cimbra
Es un sistema semiprefabricado. Las viguetas son piezas de concreto, normalmente pretensadas, fabricadas en planta, que se apoyan de un muro o trabe a otro. Entre ellas se colocan las bovedillas, piezas de relleno de concreto, de barro o de poliestireno expandido. Encima se cuela una capa de compresión de concreto con malla electrosoldada que une todo y da continuidad.
Las fichas técnicas de los fabricantes dan una idea de cómo trabaja. Fanosa, por ejemplo, describe su vigueta pretensada de 11 por 11 centímetros en forma de T invertida, colocada a 67 centímetros entre centros, con bovedilla de poliestireno de 11 centímetros y capa de compresión de 4 centímetros de concreto de 200 kg/cm², y publica claros máximos de entre 3.70 y 4.50 metros según el tipo de vigueta y si es entrepiso o azotea. La misma ficha indica que las viguetas de más de 2 metros deben apuntalarse. GCC, en su ficha de bovedilla de concreto, especifica la capa de compresión con malla electrosoldada y bovedillas de entre 18.5 y 19.5 kg por pieza.
Sus ventajas: no necesita cimbra de contacto (basta con puntales y una viga transversal), se arma rápido, genera menos desperdicio y es más ligera que una maciza, sobre todo con bovedilla de poliestireno, que además aísla del calor. Sus límites: trabaja en una sola dirección, de apoyo a apoyo, por lo que se adapta peor a plantas irregulares, volados y huecos grandes; los claros que alcanza dependen del modelo de vigueta; y exige cuidar los detalles de apoyo, el traslape de la malla y la unión con las dalas y trabes. Los componentes prefabricados para estos sistemas tienen su propia norma mexicana, la NMX-C-406-ONNCCE-2019; vale la pena pedir al proveedor la ficha técnica y la tabla de claros de su producto.
Cuál conviene en cada caso
No hay una respuesta única, pero sí algunos criterios que ayudan a ordenar la decisión:
1. Casa de uno o dos niveles con claros moderados y planta regular: la vigueta y bovedilla suele ser rápida y económica, y la losa maciza sigue siendo una opción sólida si se diseña y se cura bien.
2. Claros grandes o espacios abiertos sin muros: la losa aligerada reticular permite más rigidez con menos peso.
3. Plantas irregulares, volados, terrazas o muchos huecos para instalaciones: la losa maciza es la más flexible.
4. Si piensas construir un segundo piso más adelante: la losa actual debe calcularse desde hoy para esa carga futura, sea del sistema que sea. Es una de las preguntas que más conviene dejar resueltas en el proyecto.
5. Azotea con mucho sol: los sistemas con poliestireno (casetón perdido o bovedilla de EPS) aportan aislamiento; en cualquier caso, el impermeabilizante blanco y una buena pendiente siguen siendo indispensables.
Al comparar presupuestos, compara también lo que cada sistema incluye: cimbra, apuntalamiento, malla, capa de compresión, tiempos de obra y la cimentación que exige su peso. Un sistema más barato por metro cuadrado puede salir más caro si obliga a trabes o cimientos mayores, y al revés.
Los errores que más dañan una losa, sea del tipo que sea
— Reducir el espesor o el acero para ahorrar, sin un cálculo que lo respalde.
— Agregar agua al concreto en obra para que “corra mejor”: baja su resistencia y aumenta las grietas por contracción.
— No curar el concreto durante los primeros días, algo especialmente grave con el calor y el viento de Colima.
— Colocar el acero sin silletas o separadores, de modo que queda pegado a la cimbra sin el recubrimiento que lo protege de la corrosión.
— Descimbrar o quitar puntales antes de tiempo, o cargar la losa con material de obra cuando aún no alcanza su resistencia.
— Perforar la losa después para pasar tuberías, en lugar de dejar previstos los pasos desde el proyecto.
Cómo te ayudamos en ECA
En ECA hacemos el proyecto arquitectónico y el cálculo estructural de la misma obra, así que el tipo de losa se elige pensando en el diseño, en el presupuesto y en el comportamiento sísmico al mismo tiempo, no por costumbre. Si estás por construir o vas a ampliar tu casa, podemos revisar tu proyecto, comparar contigo las opciones de losa y supervisar que se ejecute como se calculó.
Fuentes
Ramírez de Alba H., De León D. y Valdez M. E. A. (2011), Estudio del comportamiento estructural de losas macizas de concreto reforzado para vivienda, Concreto y Cemento. Investigación y Desarrollo, vol. 3, núm. 1, IMCYC — https://scielo.org.mx/pdf/ccid/v3n1/v3n1a1.pdf
Fanosa (2019), Ficha técnica: Vigueta pretensada — https://fanosa.com/ft_vigueta-pretensada_compressed
GCC, Ficha técnica FTBCC0817: Bovedilla de concreto — https://www.gcc.com/wp-content/uploads/2020/08/FTBCC0817-Bovedilla.pdf
Secretaría de Economía, Catálogo Mexicano de Normas: NMX-C-406-ONNCCE-2019, componentes prefabricados de concreto para sistemas de losas — https://platiica.economia.gob.mx/normalizacion/?p=46921